Dom. Sep 26th, 2021

LÓGIKA Digital

Noticias | Ciencia | Tecnología | Medio Ambiente | Cultura | Entretenimiento | Multimedia

Los orígenes del olimpismo siguen presentes mientras se proyecta al futuro

5 min. lectura

Victor Flores García

CIUDAD DE MÉXICO (Sputnik) — El mundo aún paladea el extraño sabor de los Juegos Olímpicos de la pandemia en Tokio y observa con incertidumbre su futuro en París, pero sus influencias y raíces siguen presentes en el imaginario colectivo, dice en entrevista con Sputnik la investigadora Ana Laura de la Torre. La autora del libro de reciente aparición ‘Cruzadas Olímpicas en la Ciudad de México’ indica que esas raíces se remontan por ejemplo a la cultura rusa de la antigua Unión Soviética, que en los años 1930 desarrolló la gimnasia de masas, o al uso que los jesuitas hicieron para propagar valores cristianos. La investigadora examina «los intereses que tuvieron distintos actores locales y extranjeros para promover competencias deportivas a las que se les denominara juegos olímpicos».

El libro 'Cruzadas Olímpicas en la Ciudad de México' - Sputnik Mundo, 1920, 11.08.2021
El libro ‘Cruzadas Olímpicas en la Ciudad de México’© Foto : Cortesía de Ana Laura de la Torre

Ese proceso hizo posible que «para la década de 1930 la participación de atletas mexicanos en las justas olímpicas se consideró relevante para el Estado» que surgió de la Revolución Mexicana que estalló en 1910.

Una de las aportaciones de la investigadora es mostrar que la cultura física «fue utilizada como un vehículo a través del cual distintos actores y organizaciones buscaron generar una base juvenil que les ayudara a promover un determinado ideal de nación».

Gimnasia de masas y nación

Promotores de la cultura física moderna pensaban que el deportivismo competitivo no ayudaba a generar cohesión social.Al contrario, pensaban que la «gimnasia de masas» podría ser más útil para tener jóvenes sanos y cohesionados. «En principio, se privilegió la gimnasia sueca y paulatinamente se fueron apreciando otras experiencias gimnásticas como la rusa», explica De la Torre. La idea fue muy popular entre miembros del Ejército y maestros.

La autora cita por ejemplo que el general Tirso Hernández fue el encargado de reorganizar la cultura física en el Ejército posrevolucionario, quien viajó a Europa a finales de la década de 1920, para investigar el tema.»El promotor deportivo encontró los esfuerzos en Alemania y Rusia particularmente interesantes», explica De la Torre.En un detallado reporte, Hernández informó que «los rusos promovían la cultura física entre las mujeres y que esto traía gran provecho a las naciones».Este general sería el encargado de crear un ala deportiva del Partido Nacional Revolucionario, origen del actual PRI que gobernó a México hasta finales del siglo XX, indica la investigación.» Fue un actor crucial en la institucionalización del movimiento olímpico en México y pieza crucial para que cada aniversario de la Revolución mexicana, el 20 de noviembre se celebrara con un desfile deportivo», revela la especialista.

El primer desfile de esta naturaleza ocurrió de manera modesta en 1929, pero diez años después atravesaba las principales calles de la capital y culminaba en la plaza principal, frente al presidente de turno.»Estos desfiles masivos buscaban mostrar cómo la revolución fortalecía a los jóvenes y los mantenía sanos», que sumaban a sindicatos, campesinos, burócratas, estudiantes y deportistas.Las exhibiciones deportivas duraban más de siete horas y la propaganda oficial clamaba que eran «los desfiles más grandes del continente americano». Entre 1934 y 1940 cuando gobernó Lázaro Cárdenas «había particular interés por promover estas expresiones masivas tan populares en Rusia también».Tras la Segunda Guerra Mundial, el deportivismo anglosajón se convirtió en el modelo de cultura física mundial, y paulatinamente las expresiones masivas perdieron relevancia.Pero los desfiles en México siguieron vigentes hasta finales del siglo XX.

Jesuitas deportistas

Los jesuitas fueron pioneros en organizar competencias deportivas a las que bautizaban juegos olímpicos.»Entonces, había un buen número de franceses o belgas en la Compañía de Jesús en México y ellos estaban muy enterados de lo que estaba pasando en Europa» relata la autora.En 1898, el Instituto Científico de la Ciudad de México era una de sus escuelas más famosas, y reproducía en pequeña escala unos juegos. «Eso ocurrió dos años después de haberse celebrado los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna», recuerda De la Torre.

Lejos de ser un dato curioso, explica, «detrás de esta práctica había mucho más que recreación racional, era un esfuerzo muy acabado por integrar a los jóvenes a toda una serie de valores y causas que los jesuitas encabezaban». Los jesuitas eran líderes en la propagación del catolicismo social, que «en última instancia aspiraba a instaurar una democracia cristiana y combatir tanto a liberales como a comunistas». La investigadora relata que el deporte ayudaba a los jesuitas a «generar camaradería y establecer sólidos lazos con sus alumnos a quienes paulatinamente integraban en sus obras sociales o políticas».

El Partido Católico que fue respaldado ampliamente por los jesuitas fue el primero en contar con un ala deportiva.Con estos antecedentes, cuesta trabajo entender que la idea de revivir los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia cada cuatro años «fue vista con sorna o como una excentricidad». Cuando se privilegiaba el deporte competitivo que emergió en Gran Bretaña, Pierre de Coubertin logró anclar su movimiento pacifista a la Grecia antigua, para que se expandiera este olimpismo moderno, termina la exposición.

Deja una respuesta

Conectar con